Wednesday, September 25, 2013

SOBRE LA EXCAVACIÓN DE TÚNELES ::::::::::::::::::::::::::::::
Empiece por cavar un hoyo en el jardín. Luego de descender a una profundidad razonable, vuelva a la superficie y enfoque sus ojillos hacia el patio de la vecina de enfrente, donde esta suele tenderse desnuda a la sombra de un castaño enorme. Aguce su visión binocular y compruebe que ella sigue ahí, dorándose al tamiz de las hojas, despreocupadamente. Guíese por el instinto y continúe haciendo sus horadaciones. Asegúrese que el túnel sea capaz de sostenerse por sí mismo, sin columnas ni vigas cruzadas. No utilice tubos, cilindros de empuje, ni succionadoras, solo su olfato. Pronto advertirá las profundas raíces del castaño. Sígalas hasta el tronco y trepe por las ramas al cogollo. Una vez allí, sacuda de su abundante cabellera toda esa arenilla molesta que le cubre la nariz y los ojos. Ahora puede limpiarse sus bigotes y afilar los colmillos, porque verá claramente la lata de sardinas, los dátiles, cacahuetes, nueces, castañas y almendras al lado de la espléndida mujer desnuda. Descienda inadvertidamente y tome cuanta fruta seca pueda echar en su bolsa. Regrese por el túnel y escape con el botín. Aunque usted es muy joven, ahora podrá enorgullecerse de ser un excelente ejemplar de la familia de los tálpidos. En la madriguera, Mamá Topo y Papá Topo, le felicitarán y colgarán en el muro la lata vacía de sardinas, como su gran trofeo de iniciación en el difícil oficio de la excavación de túneles. Fernando Ureña Rib
LOS DESNUDOS DE UREÑA RIB Mis recuerdos primeros me llevan a una ruidosa mañana de febrero en el patio de una casa de madera, nuestra morada familiar, en un barrio de San Francisco de Macorís, en el nordeste de la República Dominicana. Temprano esa mañana, mis hermanos habían ido a escarbar arcilla a una especie de parque cercano llamado El Escuadrón. En realidad no era un parque. Lo que había allí era una pradera rodeada de árboles enormes de gina y de anacahuita que nos servía de campo de juego. Con las frecuentes lluvias se producía un lodazal amarillo-rojizo y nosotros aprovechábamos esa arcilla, le quitábamos las impurezas, la amasábamos y con cucharas, cuchillos y espátulas improvisadas, hacíamos moldes para las máscaras del carnaval que se avecinaba. Utilizábamos papel de periódico y cola de almidón de yuca para hacer caretas, las máscaras del carnaval dominicano. Alguien recomendó que fuera yo quien les diera color a esas caretas con unas latas de pintura que habíamos conseguido en una caseta abarrotada de objetos extraños que mi padre mantenía cerrada en el fondo del patio. Con almidón, cañas de bambú tiernas y papel de celofán hacíamos también chichiguas (papalotes o cometas) multicolores que los vientos de febrero se apresuraban a elevar por aquel cielo límpido e intenso de la cuaresma caribeña. Desde ese tiempo no he podido librarme de los restos de color en mis dedos. En la casa, y en el taller de costura de mi madre, yo garabateaba y embarraba toda superficie invitante. Entonces ella decidió que esa era mi vocación y que sería bueno que aprendiera a dibujar y pintar. A ella misma le gustaba mucho de dibujar, sobre todo porque era modista y debía crear o adaptar trajes de novia y vestidos especiales para las fiestas patronales que en ese tiempo eran muy lucidas, ostentosas y que tenían gran importancia social en la vida provinciana de la época. El taller de costura de mi madre estaba en la Calle del Carmen, en el centro de San Francisco. Y en las tardes el lugar era el punto de reunión de las muchachas y las señoras jóvenes que iban a hacer sus encargos o a probarse la ropa. Con el tiempo me di cuenta de que ella no simplemente les cosía vestidos, sino que les daba consejos y las orientaba sobre cómo conseguir un buen pretendiente o mantener en la casa a un buen marido. Esta especie de terapia de grupo que llevaba a cabo mi madre en el taller me la comentaron mucho tiempo después las clientas agradecidas, porque mi madre les salvó el matrimonio o les dio la clave sobre cómo resolver los asuntos de las frecuentes infidelidades masculinas. Creo que se llevaban del concejo de mi madre porque ella misma tuvo buen matrimonio y el ambiente en el hogar era amoroso y feliz. Ella se casó bien conservada ya, como se decía entonces, cuando la edad de la mujer aumentaba y parecía imposible conseguir marido. El que ella consiguió, mi padre, era un topógrafo del Central Romana quien se apareció un día soleado mientras ambos atravesaban el Río Dulce en la barca que conectaba sus riveras. Entonces él abandonó su profesión primera y empezó un negocio de cafetería. En La Romana nací yo, pero no tenía un año cumplido cuando ya nos trasladábamos a Salcedo y luego a San Francisco de Macorís. Ella estaba suscrita allí a una alargada revista francesa de modas, La Chic Parisienne, en la que aparecían dibujos de mujeres espigadas y muy bien puestas. A mí me gustaba ojear aquellas revistas y colorearlas, porque venían simplemente los dibujos a línea. Mi madre las ponía frente a ella sobre una gran mesa de corte y disponía las telas, calcaba el diseño y marcaba las medidas con tiza o lápices de cera sobre patrones de papel de estraza que ella misma hacía. Sus tijeras me parecían enormes. En las tardes, mis hermanos y yo teníamos que ayudar en el taller luego de ir a la escuela. Se nos asignaban ciertas tareas: Pedro manejaba bien una máquina de cocer y la de hacer tru-tru, mientras Francisco se ocupaba en troquelar la tela para hacer los botones y Edgar y yo pegábamos las aplicaciones que eran generalmente hechas de lentejuelas o de encaje. Nos gustaba mucho también montar las cretonas sobre unos flejes de metal recubiertos de tela, con los cuales se hacían las faldas enormes de los vestidos de fiesta. Yo nunca aprendí a coser, pero mi hermano Pedro se hacía sus propias camisas, mientras Edgar y yo hacíamos pespuntes, montábamos las cremalleras, hacíamos zigzag o rematábamos ruedos. Era nuestra pequeña industria familiar. Y debió ser próspera a su modo, porque mi madre visitó una vez la Compañía de Fomento Industrial en la capital y parece que le otorgaron el préstamo que solicitó con el que compró máquinas de motor y amplió el taller. Al lado de ese taller había un bar-restaurante con la música trepidante de las velloneras. A las dos de la tarde los hombres se veían caer aletargados por la cerveza que bebían para encender o aplacar sus pasiones. Recuerdo oír las canciones de Olimpo Cárdenas y Julio Jaramillo con su onda tristeza y su melancolía, mientras nosotros nos disponíamos pacientemente a forrar hebillas o a colocar encajes, broches e imperdibles. De pequeño a mí me gustaba mucho ir a ayudar a mi madre en esas tareas, para estar cerca de ella y porque allí miraba con deleite a las muchachas desnudarse y cambiarse de ropa frente a mí para probarse sus vestidos nuevos. A ese tiempo se remonta mi interés en el arte del desnudo femenino. FERNANDO UREÑA RIB

Sunday, August 05, 2012

EL SALÓN DE LAS IDEAS

EL SALÓN DE LAS IDEAS Y aconteció que se reunieron las grandes potestades celestiales y los ángeles a cargo de la creación del intrincado diseño biológico del hombre, y acudieron urgentes ante la mismísima presencia de Dios. Le pidieron, con sumo respeto e insistencia, que les liberara de las complejas tareas de diseñar al hombre. Arguyeron que se sentían extenuados y abatidos. Que no encontraban salida alguna a muchos problemas de orden matemático, físico, químico y trigonométrico implicados en las tareas que Dios les había encomendado. Dijeron: "Las tablas de logaritmos se nos resisten, adorado Dios." Infirieron además que les era imposible hacer coincidir el sistema linfático con el endocrino y el sistema hormonal. Que los vasos capilares anegaban las ramificaciones nerviosas y se producían cortos circuitos y que la piel, el órgano más extenso del cuerpo, resultaba demasiado sensible y anhelante y que intervenía de manera ostensible en el sistema de reproducción humana. Y dispuso Dios que se abrieran las compuertas del Salón de las Ideas e instó Dios a que se internaran aquellas deidades durante un tiempo prolongado en los ámbitos más profundos de ese prodigioso salón. Y fueron abiertas las compuertas del gran salón celestial. Y se encerraron allí las deidades celestes asignadas. Contrario a lo que ellos imaginaron, esta era una habitación oscura, sin sonido, que les obligaba a cerrar los ojos, permanecer inmóviles y a escucharse a sí mismos. Durante un tiempo indeterminado permanecieron allí, en silencio, las deidades celestes, hasta que fueron descubriendo que desde aquella oscuridad rotunda iban llegando tímidamente las ideas. Venían de todos los colores, azules, verdes amarillas; y de todas las formas, oblongas, aciculares, piciformes. Durante mucho tiempo jugaron las deidades celestes con las ideas, manipulándolas, deshaciéndolas, mezclándolas, devorándolas, bebiéndolas. Cuando las deidades salieron finalmente a la luz, la presencia divina les cegó. No lograban siquiera articular palabras, aunque se sentían ligeros y ágiles y flotaban en el universo con una energía que hasta entonces les había sido desconocida. Y los asignó Dios de nuevo a las tareas del diseño y creación de la especie humana. Unos se ocupaban con gran eficiencia de los códigos genéticos, otros de la irrigación sanguínea, del sistema respiratorio, de la inteligencia humana y así por el estilo. Al cabo de unos pocos milenios, el hombre había sido creado a la perfección. Y vio Dios que era bueno. Aunque dijo de inmediato: “Esperen. Falta algo todavía.” Fernando Urena Rib

Tuesday, October 26, 2010

LATINARTMUSEUM NEWSLETTER



 

PRESENTAN LIENZOGRAFÍAS DE FERNANDO UREÑA RIB EN DOMINICANA MODA


 



 

Reproducciones sobre lienzo de las pinturas Orgánicas de Fernando Ureña Rib fueron presentadas en la recién finalizada feria Dominicana Moda, que reunía a modistos, diseñadores, artistas y artesanos de todo el país en el más versátil encuentro de la moda Dominicana.
La producción, selección y presentación estuvieron a cargo de Patrick Ureña, hijo del pintor, quien ha venido trabajando con el artista en la realización del conjunto de gran calidad técnica y de poderosa presencia visual.


 

Orgánica es una edición limitada, numerada, firmada e intervenida por el artista. La serie de pinturas y esculturas Orgánicas de Ureña Rib se presentó en el Palacio de Bellas Artes a principios de año. Según Ureña Rib, las reproducciones de arte sirven la función de dar a conocer el trabajo artístico de la misma manera que lo hizo en su momento el grabado. Son piezas de colección que tienen un alto valor cultural ya que incursionan de manera lúdica en la mente del espectador. Las Lienzografías de Ureña Rib tienen un precio sumamente asequible y su adquisición contribuye a las labores que realiza la Fundación Ureña Rib y el Latinartmuseum.com para la difusión del arte latinoamericano.


 


 

BUENAS NOTICIAS PARA LOS ARTISTAS DOMINICANOS


 

En la pasada audiencia del día 21 de octubre, los abogados de la parte querellante pidieron a la jueza un aplazamiento indefinido del caso, porque se había llegado a un acuerdo, informando además que  el Poder Ejecutivo le entregaría una casa a nuestro demandante a fin de que el CODAP permaneciera en su local.


 

Como podrán ver son excelentes noticias para nosotros y el sector cultural de nuestro país, por lo que esperamos que en un tiempo breve  todo quede  resuelto y que podamos al fin contar con el certificado de  título de propiedad a nombre del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos.


 

Por otra parte  el mismo día de la audiencia nos trasladamos al CODAP. En donde procedimos a  quitar el letrero que decía  no al desalojo,  a solicitud del Señor Leoncio Almánzar, Director de la Corporación Dominicana de Empresas Estatales (CORDE)  quien  ha interpuesto de sus buenos oficios a fin de encontrar la solución definitiva del conflicto.

 
 

Hilario Olivo

Secretario General

CODAP


Gracias al trabajo intensivo del Vicecónsul de la República Dominicana, Ramón Feliz y sus colaboradores, los escritores invitados a la Feria del Libro más grande el Mundo, que se lleva a cabo en la Ciudad de Frankfurt del Meno pudieron presentar sus obras en la Universidad Wolfgang Göthe Universität de ésta ciudad. Los escritores Fernando Ureña Rib, Federico Jovine Bermúdez, Osiris Madera  e Isael Pérez agradecieron al Profesor Roland Spieler, catedrático de Literatura por la acogida y oportunidad que les brindó la Universidad de Frankfurt para presentar sus obras ante estudiantes de literatura, Latinoamericanos residentes en Alemania amantes a la lectura e invitados especiales. En su presentación Federico Jovine Bermúdez, dio a los asistentes un recuento de la historia antropológica de la República Dominicana, aclarando la diferencia y peculiaridad del pensamiento de la sociedad dominicana frente a las del resto de sociedades latinoamericanas. 

Su literatura, según el escritor, está y estará comprometida siempre con la verdad y por ello se siente orgulloso de ser portador de ella.

Fernando Ureña Rib, antes de leer de su libro "Otra versión del Paraíso" dio explicación de su estilo literario: una narrativa que estimula todos los sentidos. "Cuando escribo mejor, es cuando no pienso" declara el escritor, quien al final de su presentación ganó fuertes aplausos.

Ureña sostuvo durante su intervención, que la feria Internacional del libro de Frankfurt " es el lugar ideal para que el escritor dé a conocer su obra entre las editoriales del mundo, las universidades, y sobre todo el inmenso público, conocedor que muestra gran interés por la literatura dominicana y latinoamericana" Isael Pérez, presidente de Editorial Santuario, agradeció al profesor Roland Spiller por  acoger a los escritores dominicanos en la Universidad Wolfgang Goethe de Frankfurt. El poeta y editor Pérez destacó la calidad de la literatura dominicana, tanto en verso como en prosa y se comprometió a colaborar en acuerdos para traducir y editar escritores dominicanos en alemán y otras lenguas.

Por su parte, Osiris Madera hizo la presentación de sus libros "Maura", la narración de un matrimonio figurado en plena campaña política de matiz dominicano,  y "Lía", novelas que propone una "..Solución al enigma del sentido de la vida, cuya trama tiene lugar en el centro colonial restaurado de la ciudad de Santo Domingo .

El escritor dominicano cerró el acto con un agradecimiento abierto al Ministerio de Turismo, al Ministerio de Cultura de República Dominicana y a Ramón Feliz por la labor de promoción de sus obras en el marco de la Feria Internacional del Libro en Frankfurt.

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Friday, February 19, 2010

La mula coja

LA MULA COJA

Un cuñado de mi difunto padre, se casó recientemente con la tía de su segundo hermano (una señora algo mayor que parecía una bruja) y decidieron pasar la luna de miel en un caserón casi abandonado, perteneciente a la suegra de su primo menor, en las montañas de Neyba.


Una mañana, cuando la luna de miel había concluido, el cuñado de mi padre decidió que quería quedarse allí algunas semanas más. Dejó a su mujer tendiendo la cama, le pidió que le guardara tilapias asadas, le dio un beso y salió. Cuando se disponía a bajar caminando por la ensenada, notó que había una mula aparejada al tronco de un tamarindo inmenso que había al frente. No se sorprendió, porque en esos campos la gente suele ser muy servicial, así que montó la mula y con ella bajó al pueblo para llamar por teléfono a la suegra de su primo menor, quien no objetó para nada la petición, ya que esa casa nunca se utilizaba. La suegra le aseguró que al contrario, si querían quedarse a vivir allí les harían a todos un favor, porque debido a las distancias y al súbito aumento en el precio de los combustibles, ya nadie en la familia quería ir a esa casa ni de visita. Aunque era una casa grande donde se estaba muy bien, con sus balcones solariegos, sus hamacas, mecedoras y una cocina fuera de la casa donde era fácil ahumar carne y pescado. En la zona existen crías lagunares de tilapias, de modo que no es difícil sobrevivir allí si uno es capaz de sembrar y cosechar sus propios víveres y legumbres.





Sin embargo, esa tarde, cuando el cuñado de mi difunto padre regresó a la montaña para darle las buenas noticias a su mujer, no la encontró. El supuso que ella habría bajado a la laguna para buscar tilapias y triculí y como estaba tan agotado por el viaje en mula, se echó en una hamaca que había en el patio y se durmió rotundamente hasta el día siguiente. Cuando lo despertaron los gallos y las avispas él notó que su mujer no estaba y que la cama estaba aún tendida con las sábanas frescas del día anterior. De modo que bajó en la mula a la Laguna de las Tilapias y les preguntó a los pescadores si habían visto a su mujer por aquellos predios y ellos dijeron que hacía una semana no la veían. Entonces él dio la vuelta a la redonda a aquella montaña escarpada, y descubrió cascadas, precipicios y manantiales que no se imaginó existieran. La mula, que era coja, se resistía a aventurarse por aquellos escarpados desfiladeros, pero el cuñado de mi difunto padre insistía en arrearla, puyándola por las ancas, espueleándola y aumentando aún más su dolor, su cojera y su angustia.
Desalentado y triste, e imaginando lo peor, el pobre cuñado de mi difunto padre regresó a la casa en las montañas ya muy entrada la noche. Tres estrellas, alineadas en medio del cielo le indicaron el camino. Le quitó las cinchas, el aparejo, y le echó tres baldes de agua a la mula, para refrescarla y él se encogió en un catre que había en la sala y se durmió tranquilo, como Dios después del Diluvio. Cuando despertó, aturdido aún por el cansancio, notó que su mujer (que parecía una bruja) estaba acostada, roncando, sobre la cama tendida y no se levantó hasta tres días después. Notó además que ella renqueaba y que tenía magulladuras y puyones en las nalgas. La mula coja, sin embargo, no se volvió a ver jamás.
FERNANDO UREÑA RIB

La mula coja

LA MULA COJA

Un cuñado de mi difunto padre, se casó recientemente con la tía de su segundo hermano (una señora algo mayor que parecía una bruja) y decidieron pasar la luna de miel en un caserón casi abandonado, perteneciente a la suegra de su primo menor, en las montañas de Neyba.


Una mañana, cuando la luna de miel había concluido, el cuñado de mi padre decidió que quería quedarse allí algunas semanas más. Dejó a su mujer tendiendo la cama, le pidió que le guardara tilapias asadas, le dio un beso y salió. Cuando se disponía a bajar caminando por la ensenada, notó que había una mula aparejada al tronco de un tamarindo inmenso que había al frente. No se sorprendió, porque en esos campos la gente suele ser muy servicial, así que montó la mula y con ella bajó al pueblo para llamar por teléfono a la suegra de su primo menor, quien no objetó para nada la petición, ya que esa casa nunca se utilizaba. La suegra le aseguró que al contrario, si querían quedarse a vivir allí les harían a todos un favor, porque debido a las distancias y al súbito aumento en el precio de los combustibles, ya nadie en la familia quería ir a esa casa ni de visita. Aunque era una casa grande donde se estaba muy bien, con sus balcones solariegos, sus hamacas, mecedoras y una cocina fuera de la casa donde era fácil ahumar carne y pescado. En la zona existen crías lagunares de tilapias, de modo que no es difícil sobrevivir allí si uno es capaz de sembrar y cosechar sus propios víveres y legumbres.





Sin embargo, esa tarde, cuando el cuñado de mi difunto padre regresó a la montaña para darle las buenas noticias a su mujer, no la encontró. El supuso que ella habría bajado a la laguna para buscar tilapias y triculí y como estaba tan agotado por el viaje en mula, se echó en una hamaca que había en el patio y se durmió rotundamente hasta el día siguiente. Cuando lo despertaron los gallos y las avispas él notó que su mujer no estaba y que la cama estaba aún tendida con las sábanas frescas del día anterior. De modo que bajó en la mula a la Laguna de las Tilapias y les preguntó a los pescadores si habían visto a su mujer por aquellos predios y ellos dijeron que hacía una semana no la veían. Entonces él dio la vuelta a la redonda a aquella montaña escarpada, y descubrió cascadas, precipicios y manantiales que no se imaginó existieran. La mula, que era coja, se resistía a aventurarse por aquellos escarpados desfiladeros, pero el cuñado de mi difunto padre insistía en arrearla, puyándola por las ancas, espueleándola y aumentando aún más su dolor, su cojera y su angustia.
Desalentado y triste, e imaginando lo peor, el pobre cuñado de mi difunto padre regresó a la casa en las montañas ya muy entrada la noche. Tres estrellas, alineadas en medio del cielo le indicaron el camino. Le quitó las cinchas, el aparejo, y le echó tres baldes de agua a la mula, para refrescarla y él se encogió en un catre que había en la sala y se durmió tranquilo, como Dios después del Diluvio. Cuando despertó, aturdido aún por el cansancio, notó que su mujer (que parecía una bruja) estaba acostada, roncando, sobre la cama tendida y no se levantó hasta tres días después. Notó además que ella renqueaba y que tenía magulladuras y puyones en las nalgas. La mula coja, sin embargo, no se volvió a ver jamás.
FERNANDO UREÑA RIB

Saturday, April 18, 2009

Mi discurso ante el presidente

Excelentísimo Señor Presidente de la República
Doctor Leonel Fernández Reyna
Honorable Señor Secretario de Estado de Cultura
Lic. José Rafael Lantigua
Señor realizador Jimmy Sierra
Colegas, señoras y señores
Agradezco el honor que me hiciera el amigo Jimmy Sierra al invitarme a expresar, a nombre de los artistas plásticos dominicanos, la gratitud que sentimos todos por la realización de una serie de videos que recogen la actividad creadora de ilustres pintores y escultores nuestros. Este es un hecho insólito y un hito en la historia de las artes plásticas dominicanas, que indica la preocupación del Gobierno del Doctor Leonel Fernández Reyna por preservar y divulgar nuestros valores culturales.
Por primera vez, y de manera abarcadora, profunda e informada, el Estado Dominicano auspicia la realización de un documental que recoge la obra y el pensamiento de nuestros pintores. Críticos de amplia cultura, como Doña María Ugarte, Jeannette Miller, Marianne de Tolentino y Fernando Peña Defilló entre otros, ofrecen un perfil histórico, valorativo y testimonial del desarrollo de nuestras artes.
Nos sentimos contentos y orgullosos, porque lo que veremos es el inicio de una serie de documentales de Jimmy Sierra que conservarán para la posteridad la imagen física, la voz, y sobre todo, la obra trascendente de nuestros pintores.
En el país ocurre que cuando los gobernantes y los líderes políticos se reúnen con los diferentes grupos que conforman la sociedad, los primeros formulan a los segundos una pregunta básica, directa: “¿Qué quieren?” Es decir, ¿qué requieren o necesitan los obreros, o los ganaderos, o los médicos, o los banqueros, o los periodistas etc., a fin de desarrollar sus funciones sociales?
Como ésta es hoy nuestra oportunidad, no dejaremos que se nos escape, y les vamos a decir, con gran respeto, qué es lo que quieren o necesitan hoy los pintores y artistas plásticos dominicanos.
Y esto no será una simple petición. Más bien será una oferta, un ofrecimiento de los pintores al Gobierno y al Estado Dominicano.
¿Qué queremos pues, los pintores?
Además de estos invaluables trabajos de divulgación, lo que los artistas plásticos queremos y necesitamos es que se nos compren las obras de arte que producimos.
Veremos por qué esto es sumamente importante y digno para el desarrollo de las artes plásticas dominicanas.
Como ustedes constatarán en el video que sigue, la obra de arte no es simplemente un bien material, como un mueble o un automóvil. La obra de arte es un bien cultural, patrimonial, trascendente. También es una inversión que se revalora de manera constante, versus las depreciaciones monetarias y las subsecuentes crisis financieras del mundo.
Recuerdo que un cuadro grande de mi maestro, don Jaime Colson se compraba, en el año de 1970, con solo trescientos pesos dominicanos. ¿Cuántos miles de dólares valen hoy sus pinturas?
Imagínese el enorme acervo y el valor de las colecciones estatales si desde ese tiempo nuestros museos e instituciones gubernamentales hubiesen tenido la visión de adquirir de manera consistente obras de Colson, Yoryi Morel, Gausachs, Manolo Pascual, Gilberto Hernández Ortega, etc.
El Doctor Leonel Fernández Reyna tiene esa visión. La presidencia misma y varias instituciones públicas poseen en su haber valiosas colecciones de arte. Esa visión es compartida por la Cámara de Diputados y la Dirección General de Aduanas, instituciones que en poco tiempo han logrado reunir valiosas colecciones de arte.
Ahora bien, existen en las leyes presupuestarias dominicanas provisiones que determinan que el uno por ciento del costo de una edificación pública debe ser destinado a la adquisición de obras de arte. En la práctica y de manera tradicional, la aplicación de esa ley se ha desviado a la adquisición de otras cosas, como mobiliarios y adornos.
Reiteramos: La obra de arte es un bien cultural y patrimonial de estado. Por eso es justo que esa ley sea aplicada de manera irrestricta y de acuerdo a su espíritu, porque los pintores y escultores no recibimos ningún sueldo y dependemos únicamente de la venta de nuestras obras. De modo que la aplicación de esa ley sería una seguridad para los pintores y escultores dominicanos.
Adquirir y coleccionar obras de arte dominicano por parte del Gobierno, debe ser una política de estado. Como lo es en México, en Venezuela, en Ecuador. Y se puede hacer sin costosos desembolsos. Por ejemplo, en pleno centro de la ciudad de México, muy cerca del Zócalo y de la Catedral, existe El Museo de la Hacienda, que conserva la colección que artistas como Diego Rivera, Frida Kahlo, Rufino Tamayo y otros muchos, quienes pagaron con obras de arte sus impuestos “en especie” al estado mexicano. El valor de esas obras es hoy grandioso, incalculable.
Al principio señalamos que los artistas dominicanos deseábamos, no pedir, sino hacer una oferta al gobierno y al Estado Dominicano. La oferta es que se estudie el patrón o sistema aplicado en México por el Ministerio de Hacienda para que se aplique legalmente en República Dominicana, de modo que los pintores dominicanos, que no devengan sueldos, paguen en especie sus impuestos al gobierno.
Esto, junto con la aplicación de la ley de obras públicas que consigna el uno por ciento a la adquisición de obras de arte, permitirá que se vayan creando los tan necesarios Museos Municipales, Provinciales y Regionales de arte en todo el país. También propiciará que nuestras instituciones públicas y museos existentes se nutran con obras de arte que ciertamente estimulan el espíritu y realzan el lugar de trabajo.
Pero sobre todo, la adquisición de obras de arte por parte del estado permitirá y propiciará su desarrollo. Esto no es antieconómico, como piensan algunos. Todo lo contrario. El filósofo alemán Federico Nietzsche afirmaba que solo el arte transforma en positivas las energías e influencias negativas de la vida. Si la expresión artística y la educación del arte logran penetrar nuestros barrios, habremos ganado, sin un solo disparo, nuestra costosa batalla contra el crimen, la violencia y las drogas.
Finalmente, queremos reiterar nuestro agradecimientos y dejar constancia de nuestro gran aprecio por el apoyo que la Presidencia de la República y la Secretaría de Estado de Cultura ha dado para la realización de estos videos sobre el arte dominicano. Estimulamos a todos los presentes a meditar en estas cosas y al ciudadano señor Presidente de la República, Doctor Leonel Fernández Reyna le exhortamos a continuar dando su anuencia solidaria al desarrollo e impulso del arte y la cultura en la República Dominicana,

Muchas gracias.

Saturday, January 20, 2007

Amelia Daba un paseo por el parque aquella tarde soleada y buscaba quizás un espacio donde esconder su hermoso cuerpo de las miradas ansiosas y sedientas de los hombres que no cesaban de asediarla con avaricia desde que la veían llegar con Dora, su perrita negra y presumida. Pero era difícil esconderse de aquellos hombres, a menos que se fuera una detrás de unas arcadas abandonadas que se apartaban de la muchedumbre, hacia la calle Hostos, casi colindando con las ruinas de San Francisco. Nadie osaba, por supuesto, acercarse demasiado a Amelia, porque Dora ladraba con tal ferocidad que le reventaría los tímpanos aún a los sordos. Tan pronto la veían bajar, los hombres salían de los colmadones de la Duarte, cerveza en mano, para observarla con deleite y decirle un piropo, tratando de acercarse. Dora gruñía. No es fácil tener dieciseis años y ser tan bonita en esta parte de la zona colonial donde hay tantos hombres sueltos. Y aunque Amelia trataba de ignorarlos los más atrevidos hacían conjuras y trataban de entretener a Dora con algún hueso, mientras otro trataba de iniciar una conversación, preguntar algo tonto sobre la salud comatosa de su padre, o sobre los trabajos de modista de su incansable madre. Pero Amelia tenía instrucciones de no escuchar a nadie, de seguir su camino y regresar cuanto antes a la habitación en el ático donde su padre medio moría y medio renacía, según fuesen los caprichos del tiempo. Era ya la hora de regresar cuando Dora se precipitó corriendo al fondo de las ruinas a donde Amelia la siguió llamándola y reprendiéndola severamente, con la indignación que provoca la desobediencia. Al fondo, un joven paseaba por el suelo terroso de una capilla abandonada, a su perro Bonaparte. Una fuerza ineludible atrajo los perros, que movían sus colas y acercándose se pusieron a holisquearse con contagiosa alegría. -Soy Aurelio. ¿Como se llama su perrita? -Dora. -No hace falta que me de su nombre, Amelia. Todo el mundo la nombra y la admira por aquí. Yo el primero. -Debo regresar. -Paciencia. Es preciso dejar que los animales expresen sus sentimientos libremente, a su manera. -Debo regresar. En esto Amelia amarró a Dora por su collar y casi la arrastra fuera de aquella hermita desolada en medio de la ciudad bulliciosa y jaranera.